Desde este blog se pretende difundir la historia, el arte, la cultura y la naturaleza de la villa y del valle de Echo, uno de los enclaves pirenaicos de Aragón, más hermosos y dinámicos. Su pasado, presente y futuro merecen la pena conocerse y compartirse. Con mi admiración , cariño y la mayor modestia.

jueves, 7 de agosto de 2014

ALFONSO I "EL BATALLADOR" Y LOS MONTEROS REALES CHESOS


Alfonso I "El Batallador". Cuadro de Pradilla.


Hay referencias documentales históricas que hacen suponer que el más importante de los reyes privativos de Aragón, Alfonso I, hijo del rey Sancho Ramírez y que heredó el pequeño e incipiente reino a la muerte de su hermano Pedro I, nació en la villa de Echo y fue educado por los monjes del monasterio de San Pedro de Siresa.

Cuentan las leyendas que de su paso por la villa y su educación en Siresa, no sólo aprendió el dominio de las letras, sino que así mismo, se contagió de una gran pasión por el arte de la caza.



Caza del oso. Escena medieval
Cierto día, cuando sólo contaba doce años, acompañado de su séquito de sirvientes, decidió salir a cazar por los alrededores de la Boca del Infierno. Iba caminando tranquilamente cuando un enorme oso le cortó el paso, provocando la huida de sus acompañantes. Alfonso tensó su arco y disparó su flecha, pero el oso, aunque herido, arremetió contra él. El futuro rey retrocedió ante la embestida, cayendo de espaldas por el precipicio.

Consiguió en el último momento sujetarse a un boj, pero el oso continuó hostigándole. Iba éste a lanzar su mortífero zarpazo cuando una piedra silbó en el aire yendo a abatir a la bestia. Un grupo de jóvenes pastores chesos, apercibidos del peligro que corría Alfonso, habían acudido prestos y abatido al oso con sus certeras hondas.

Una vez a salvo, Alfonso se dio a conocer como hijo del rey y en agradecimiento, propuso a sus salvadores que entraran a su servicio, preguntando éstos antes de aceptar en calidad de qué. El infante, sin dudarlo, les dijo que como monteros reales, y que como tales, le acompañarían siempre, no sólo en
la caza, sino en las campañas militares que en el futuro emprendería.

Escudo de Echo
Así se creó una escolta personal de monteros reales chesos a los que la historia recuerda como valerosos guerreros siempre al servicio de su rey.

(Esta leyenda, forma parte del texto que con el título de Cuentos y Leyendas, me fué publicado en el número 4 de la revista Bisas del Subordán, de año 2000, y la recoge D. Agustín Ubieto en su libro Leyendas para una historia paralela del Aragón Medieval. Institución Fernando El Católico, 1998.





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